sábado, 17 de enero de 2009


Me duele hasta el cansancio tus dolores, tus angustias,
tus temores,
todos ellos los recojo, tras de ti cuando pasas,
con la preocupación en tu piel.

Me duelo en tus miserias,
tus ruinas,
tus decadencias,
la piel me quema,
el llanto llega,
se me cae a pedazos la herida, por tu herida.

Las veo todas ellas como mías,
y yo las duelo todas, más no las conservo para mí,
sino que las arrojo al mar, yo no me quedo con ellas,
y al verte pasar nuevamente, me duele verte otra vez que las llevas a cuestas.

Me duele verte otra vez dolorido,
¿cuánto más, te pregunto, seguirás cargando los dolores, que yo he tomado y he tirado tantas veces?

Me duele que no me creas,
me duele que me veas tomar tus dolencias, hacerlas mías,
y arrojarlas al mar, para que mueran,
Me duele más cuando te arrojas tu corriendo al mar, para buscarlas y dolerte otra vez.

Me duele tu dolor mil veces, y millones más,
me duele porque amas el dolor, más que a mí,
Me duele porque son tu necesidad,
me duele porque no te basto en tu vida, y me repruebas.

Iré tras de ti tantas veces,
hasta que un día entiendas,
que es a mí a quien necesitas,
y te aseguro,
no tendrás mas dolores,
ni yo tampoco doleré por ti.

2 comentarios:

ARAUNAPEKA dijo...

Este es un poema, que hice pensando en cómo Dios se duele cuando vamos una y otra vez cargando con los mismos dolores de siempre. ¿Cuándo confiaremos un 100 por ciento?

Pericles dijo...

Es verdad, muchas veces le entregamos aparentemente nuestros dolores, pero ahí estamos luchando con Dios, pareciera que diciéndole "este dolor es mío, no te lo lleves".
El salmista dice "Encomienda al Señor tu camino, confía en él y él hará", dejemosle actuar segun su voluntad.