miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿Para qué? ¿Por qué?

Cuando le preguntaron a Aristóteles, el gran filósofo griego y tutor de Alejandro el Grande, qué ganaría uno que siempre cuenta mentiras, contestó: "Que no se le crea cuando diga la verdad."
Petrarca, el célebre poeta italiano, hombre famoso por su veracidad, se dice que fue llamado como testigo y ofreció hacer el juramento de reglamento, pero el juez cerró el libro y dijo: "La palabra de Petrarca basta."
De aquí podemos aprender cuánto se respeta a una persona que es conocida como veraz y en la contestación de Aristóteles vemos la maldad y el tropiezo de la mentira -
El expositor Bíblico.

Efesios 4:25 dice:
"Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo."

Bendiciones